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El quinto domingo de cuaresma

(Púrpura)

 

El Tema del Día: Dios nos ofrece y nos da el precioso tesoro de la salvación. Por lo tanto, qué nunca lo despreciemos.

 

La Colecta: Todopoderoso y eterno Dios, puesto que fue tu voluntad que tu Hijo llevara los sufrimientos de la cruz por nosotros, para así rescatarnos del poderío del adversario: Ayúdanos a recordar y dar gracias por la Pasión de nuestro Señor, a fin de que recibamos la remisión de los pecados y redención de la muerte eterna; por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, siempre un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

 

La Primera Lectura: Isaías 43:16-21 El Dios todopoderoso que rescató a su pueblo de la esclavitud en Egipto, sigue ofreciendo salvación y vida nueva a su pueblo.

 

16Así dice Jehová, el que abre camino en el mar, y senda en las aguas impetuosas; 17el que saca carro y caballo, ejército y fuerza; caen juntamente para no levantarse; fenecen, como pábilo quedan apagados. 18No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. 19He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad. 20Las fieras del campo me honrarán, los chacales y los pollos del avestruz; porque daré aguas en el desierto, ríos en la soledad, para que beba mi pueblo, mi escogido. 21Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará.

 

El Salmo del Día: Salmo 28

 

Salmo de David.

1 A ti clamaré, oh Jehová.

Roca mía, no te desentiendas de mí,

Para que no sea yo, dejándome tú,

Semejante a los que descienden al sepulcro.

2 Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti,

Cuando alzo mis manos hacia tu santo templo.

3 No me arrebates juntamente con los malos,

Y con los que hacen iniquidad,

Los cuales hablan paz con sus prójimos,

Pero la maldad está en su corazón.

4 Dales conforme a su obra, y conforme a la perversidad de sus hechos;

Dales su merecido conforme a la obra de sus manos.

5 Por cuanto no atendieron a los hechos de Jehová,

Ni a la obra de sus manos,

El los derribará, y no los edificará.

6 Bendito sea Jehová,

Que oyó la voz de mis ruegos.

7 Jehová es mi fortaleza y mi escudo;

En él confió mi corazón, y fui ayudado,

Por lo que se gozó mi corazón,

Y con mi cántico le alabaré.

8 Jehová es la fortaleza de su pueblo,

Y el refugio salvador de su ungido.

9 Salva a tu pueblo, y bendice a tu heredad;

Y pastoréales y susténtales para siempre.

 

La Segunda Lectura: Filipenses 3:8-14 Por medio de Jesucristo, tenemos el tesoro más precioso que hay: que aunque somos pecadores, ante los ojos de Dios somos perfectos. Este tesoro precioso nos motiva a llevar vidas santas con corazones agradecidos, siempre fijando la mirada en nuestra meta, el cielo que Cristo ganó por nosotros en la cruz.

 

8Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, 9y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; 10a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, 11si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.

12No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. 13Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

 

El Versículo: Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y dar su vida en rescate por muchos.

 

El Evangelio: Lucas 20:9-19 Con la parábola de los labradores malvados, Dios nos da una fuerte advertencia a no despreciar el tesoro precioso de la salvación. En su paciencia y amor, Dios envió al pueblo de Israel profetas para predicar su mensaje de arrepentimiento y salvación, pero los israelitas los rechazaron y los mataron. Luego, envió a su propio hijo al cual también mataron. Así como lo habían rechazado a él, Dios también rechazó a ellos. ¡Qué nunca rechacemos ni despreciemos la salvación que Dios nos ha dado!

 

9Comenzó luego a decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, la arrendó a labradores, y se ausentó por mucho tiempo. 10Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que le diesen del fruto de la viña; pero los labradores le golpearon, y le enviaron con las manos vacías. 11Volvió a enviar otro siervo; mas ellos a éste también, golpeado y afrentado, le enviaron con las manos vacías. 12Volvió a enviar un tercer siervo; mas ellos también a éste echaron fuera, herido. 13Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizá cuando le vean a él, le tendrán respeto. 14Mas los labradores, al verle, discutían entre sí, diciendo: Este es el heredero; venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra. 15Y le echaron fuera de la viña, y le mataron. ¿Qué, pues, les hará el señor de la viña? 16Vendrá y destruirá a estos labradores, y dará su viña a otros. Cuando ellos oyeron esto, dijeron: ¡Dios nos libre! 17Pero él, mirándolos, dijo: ¿Qué, pues, es lo que está escrito:

La piedra que desecharon los edificadores

Ha venido a ser cabeza del ángulo?

18Todo el que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre quien ella cayere, le desmenuzará.

19Procuraban los principales sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque comprendieron que contra ellos había dicho esta parábola; pero temieron al pueblo.

 

El Señor de la viña viene

 

Vivo a algunas cuadras de la congregación de Medellín en un aparta estudio, pequeño pero amañador. No soy propietario, vivo en alquiler, como imagino algunos de ustedes también viven en alquiler. ¿Para que un inquilino siga viviendo en paz que tiene que hacer? Hay que pagar al propietario cumplidamente. Si fuera mío tendría el derecho de hacer lo que quiero hasta tumbarlo, o alquilarlo a otro para que tenga otro ingreso. Pero no es mío. Así que sigo pagando mensual, en su tiempo. Y si no cumplo lo que debo me van a buscar, van a enviar alguien para pedirme el apartamento o para cobrarme lo que debo. Y qué pasaría si viene y yo digo, “Mira viene el enviado para cobrar el dinero. ¡Lo voy a matar! Así el departamento será todo mío.” ¿Como les parece el plan? Algo tonto, ¿no? Porque va a venir el propietario y va a echarme del departamento. Voy a tener que empacar todas mis cosas para un trasteo a mi nuevo apartamento, la cárcel por asesinar al dueño del apartamento. Y no podemos olvidar que siempre hay otro para alquilar el departamento para que no quede vacío, siempre van a ver inquilinos para vivir en ese lugar.

 

Jesús usó ese cuadro de arrendadores o inquilinos infieles para enseñar a la gente en el templo, en plena audiencia con los sacerdotes para que les llegue el mensaje también. Les enseñó que el Señor de la viña viene. Contó la parábola que escuchamos. Que un hombre plantó una viña, contrató labradores y se fue por mucho tiempo. Hubo un acuerdo. El señor de la viña les dio trabajo y alojamiento y su pago sería parte de la cosecha. Pero todo eso no era suyo. La viña, la casa, hasta la cosecha pertenecía al señor. Así que envió un siervo fiel para recolectar lo que le debía. Pero lo golpearon y lo echaron fuera. Al llegar al señor le preguntó “¿qué pasó y donde están los frutos?” Mostró sus manos vacías. Allí el señor tuvo todo el derecho de venir con soldados y quitarlos de allí para contratar labradores más fieles. Pero tuvo paciencia. Envió otro siervo. Ese también volvió al señor con manos vacías. Y vemos del señor más paciencia aun, envió a otro siervo a quien igual le hirieron y echaron fuera.

 

Esa parte de la parábola nos acuerda de la historia de Israel, el pueblo querido de Dios, pero muy rebelde. Cuando Dios buscó frutos de ellos no había. Envió siervos, sus profetas. En la parábola escuchamos que hubo tres, pero representan todos los profetas como Elías y Jeremías, que fueron en gran manera rechazados por el pueblo y rechazados por los líderes del pueblo. Hace algunas semanas escuchamos un sermón de cuando Jesús al acercarse a Jerusalén lloró y dijo, “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!” (Lucas 13:34) El señor de la viña vino por medio de sus siervos, pero los labradores los rechazaron.

 

Pero ¿porque estaba Jesús contando esa parábola en ese momento? Porque eso no solo fue un problema con el antiguo pueblo de Israel. Los lideres religiosos del día seguían en ese mismo rumbo, rechazando los enviados de Dios y rehusando reconocer su autoridad

 

En los versículos justo antes de nuestro texto vemos la actitud de los sacerdotes en cuanto al último profeta enviado por Dios, Juan el bautista. Primero vinieron y preguntaron a Jesús, “¿Con que autoridad haces estas cosas?” y Jesús sabiendo que estaban buscando una manera de atraparlo les respondió con una pregunta, “¿Con que autoridad bautizaba Juan, del cielo o de los hombres?” Pensaron, “Si decimos que no es de Dios, la gente nos va a apedrear, como consideraron a Juan un profeta verdadero.” Dijeron a Jesús, “No sabemos,” y les respondió “Yo tampoco os diré con qué autoridad hago estas cosas.” ¡Que sabio lo que dijo Jesús! Todavía faltó tiempo para que cumpliera lo que tuvo que pasar según la palabra.

 

Y esa palabra es la que tenemos nosotros hoy en día. Los enviados de Dios, los profetas y apóstoles escribieron lo que Dios quiso que escribieran. Esas palabras han sido preservadas hasta hoy para que sepamos la voluntad de Dios, y por ellas seamos sabios para salvación. Es cierto que Dios ya no nos habla por medio de profetas que reciben revelación directa, pero el Señor de la viña viene a nosotros por medio de su palabra, cuando está leída en nuestras casas y predicada del pulpito.

 

Y ahora la pregunta es, ¿qué hacemos nosotros cuando Dios viene por medio de su palabra? Aquí en esta congregación tenemos varios lideres que son pastores y profesores de la palabra de Dios, encargados con un trabajo serio. Si nosotros como lideres pensamos que esta iglesia pertenece a nosotros o tenemos una actitud orgullosa, ¿Qué entonces estamos haciendo con la palabra? La estamos golpeando y echando fuera. La iglesia es de Dios y al querer ser los dueños estamos como los labradores infieles y pecamos contra el primer y tercer mandamiento.

 

Pero esta palabra no solo viene a los lideres, sino a todos que están escuchando. Venimos y escuchamos de esta palabra lo que Dios quiere de nosotros, como vivir la vida en agradecimiento y en amor hacia él. Pero cuando vemos una parte que no nos gusta decimos: “Ay, ese fruto no quiero dar. Ese fruto es mío.” Ese fruto puede ser diferente para cada uno, “Mi dinero, no lo quiero dar a Dios.” “Respetar a las autoridades, solo son chistes.” “No tenemos que prestar atención a esas partes.” ¿Cuántas veces tratamos la palabra de Dios como esos labradores a los siervos? ¿Una vez? ¿Dos? ¿Tres? Al romper el tercer mandamiento así, ¿qué merecemos? Que Dios nos eche de su reino y busque otros.

 

Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizá cuando le vean a él, le tendrán respeto.

 

El Señor de la viña viene a nosotros por medio de su Hijo amado. San Pablo nos dice en Gálatas 4:4, “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.”

 

Nos envió el heredero, un representante a quien se le debía el respeto, a su hijo amado. Estas palabras nos recuerdan de cuando Jesús fue bautizado por Juan, y descendió el Espíritu y la voz de Dios tronó del cielo, “Este es mi hijo amado en quien tengo complacencia.” Allí está la confirmación de que la autoridad de Jesús y la autoridad de Juan sí había venido del cielo.

Pero los sacerdotes querían ser los dueños y discutían entre sí, y dijeron, “Allá está el heredero, si lo matamos la herencia será nuestra.” Ya estaban haciendo planes para matarlo. Y Jesús lo sabía, por eso dice que el Señor de la viña va a venir a destruir a los labradores y echarles fuera de la viña. Los sacerdotes sabían que Jesús había contado la parábola para ellos.

 

La gente en cambio se asustó, “¡Dios nos salva!” o en otras palabras, “¡Que nunca sea así, jamás!” Y es en ese momento que Jesús mira a la gente para que tenga toda su atención, señalando la importancia de la Palabra de Dios que seguían, tomadas del Salmo 118. Es en esas palabras que vemos el propósito de todo. “¿Qué, pues, es lo que está escrito: La piedra que desecharon los edificadores Ha venido a ser cabeza del ángulo?” El Señor de la viña viene por medio de esa piedra. Una piedra desechada por los edificadores. Querían construir sobre el fundamento de su propia justicia. Entonces lo desecharon, lo golpearon, lo hirieron. Nos recuerda de una profecía de Isaías acerca de Jesús, “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos…Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.”

 

Su dolor, sus heridas resultaron en nuestra paz. Porque el cumplió la voluntad de Dios perfectamente en su vida y sufrió todo el castigo nuestro. Y por ese sufrimiento ha venido a ser la piedra del ángulo sobre lo cual ponemos nuestra fe y construimos la iglesia que es de Él. Como explicó San Pedro a los sacerdotes después, “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” Y como escribió en su primera carta a todos los cristianos, “Acercándoos a Él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, más para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.” El Señor de la viña nos viene por su hijo amado, el heredero, la piedra desechada que ha venido a ser cabeza del ángulo.

 

Nosotros que estamos fundamentados sobre la piedra del ángulo tenemos una fundación espiritual firme. Sabemos que somos salvos por los méritos y por el sufrimiento de Jesús. Pero los que no creen en Él van a ver otro lado de esa piedra.

Recuerdan que dijo Jesús, ¿Qué, pues, les hará el señor de la viña? 16 Vendrá y destruirá a estos labradores, y dará su viña a otros.

 

Sabemos lo que pasó con los jefes y los sacerdotes del templo, se les quitó su puesto como lideres de la iglesia y fue dado a los apóstoles. En el año 70 el templo fue destruido y los judíos fueron dispersados por todos lados. Los apóstoles seguían con la ayuda de Dios guiando su iglesia. Y los que desviaron a mucha gente y no cumplieron sus roles como lideres tenían que dar cuentas a Dios.

 

En la misma manera a todos los que rechazan al hijo, sobre ellos va a caer aquella piedra. “Todo el que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; más sobre quien ella cayere, le desmenuzará.” Sabemos que por nuestras acciones merecemos ser aplastados por la piedra, pero por su sacrificio somos sostenidos por la piedra. Y damos toda la gloria a Dios por eso. Y esperamos.

 

Esperamos porque el Señor de la viña viene. No sabemos cuándo, pero va a volver en su tiempo, y va a buscar los frutos. Y cuando viene a nosotros, ¿lo vamos a devolver con manos vacías? De ninguna manera, va a encontrar frutos, porque ustedes que están en Cristo sí, producen frutos. Por fe, que el Espíritu ha obrado en sus corazones, y ya los están produciendo. ¿Cuáles frutos? Están arrepentidos. Están apoyando la iglesia con su tiempo, sus talentos, sus tesoros. Están hablando a los vecinos de su necesidad del Salvador. Están sirviendo fielmente a su esposo o esposa, están honrando sus padres. Y esos frutos no son nuestros méritos sino evidencia de la fe en Jesús, nuestro Salvador, obrado por el Espíritu Santo, para la gloria del Señor de la viña. Y cuando viene, va a traernos a otra viña, al paraíso. Amen.

 

Los Himnos:

 

Algunos himnos sugeridos:

Cantad al Señor:

17 De tal manera Dios amó

18 Te saludo, Cristo santo

27 Cristo es mi alegría

28 El profundo amor de Cristo

31 Manos cariñosas

32 Oh Verbo humanado

33 Soy el camino

82 Bien sé en quien creo

88 Sublime gracia

90 ¡Oh Cristo de infinito amor!

 

Culto Cristiano:

46 Al contemplar la excelsa cruz

47 Cristo vida del viviente

50 Hay una fuente sin igual

51 ¡Inmensa y sin igual piedad!

54 ¿Vives triste y angustiado?

58 Afligido y castigado

67 Santo Cordero

165 Hay una fuente

202 Oí la voz del Salvador

219 Roca de la eternidad

225 Por gracia sola yo soy salvo

229 Tal como soy

246 Mi fe descansa en ti

254 ¡Firmes y adelante! (segunda lectura)


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