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El vigésimo domingo después de pentecostés

(Verde)

 

Tema del día: Las lecturas para esta mañana hablan de la fe. Por la fe, vamos a poder hacer grandes cosas para Dios. Pero hay que tener cuidado, como veremos en el evangelio para esta mañana, no debemos confiar en nuestra fe porque el poder para hacer grandes cosas no viene de la fe, sino de Dios. ¡Qué nunca confiemos en el hecho de que tenemos la fe, sino en el objecto de nuestra fe, Jesucristo!

 

La Colecta: Oh Dios, que demuestras tu omnipotencia principalmente en manifestar clemencia y piedad: Concédenos misericordiosamente tal medida de tu gracia que se logre en nosotros el cumplimiento de tus benignas promesas, seamos hechos partícipes de tu tesoro celestial y podamos dirigirnos siempre por el camino de tus mandamientos; por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, siempre un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

 

La Primera Lectura: Habacuc 1:1-3;2:1-4 Las quejas del Profeta Habacuc en cuanto a la violencia e injusticia en la tierra de Israel reciben su respuesta de Dios: “Soy fiel. Cree en mí, porque el justo por fe vivirá.”

 

1La profecía que vio el profeta Habacuc. 2¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? 3¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan.

2

1Sobre mi guarda estaré, y sobre la fortaleza afirmaré el pie, y velaré para ver lo que se me dirá, y qué he de responder tocante a mi queja. 2Y Jehová me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella. 3Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará.4He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.

 

El Salmo del Día: Salmo 27

 

1 Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?

Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?

2 Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos,

Para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron.

3 Aunque un ejército acampe contra mí,

No temerá mi corazón;

Aunque contra mí se levante guerra,

Yo estaré confiado.

4 Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré;

Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida,

Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.

5 Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal;

Me ocultará en lo reservado de su morada;

Sobre una roca me pondrá en alto.

6 Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean,

Y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo;

Cantaré y entonaré alabanzas a Jehová.

7 Oye, oh Jehová, mi voz con que a ti clamo;

Ten misericordia de mí, y respóndeme.

8 Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro.

Tu rostro buscaré, oh Jehová;

9 No escondas tu rostro de mí.

No apartes con ira a tu siervo;

Mi ayuda has sido.

No me dejes ni me desampares, Dios de mi salvación.

10 Aunque mi padre y mi madre me dejaran,

Con todo, Jehová me recogerá.

11 Enséñame, oh Jehová, tu camino,

Y guíame por senda de rectitud

A causa de mis enemigos.

12 No me entregues a la voluntad de mis enemigos;

Porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad.

13 Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová

En la tierra de los vivientes.

14 Aguarda a Jehová;

Esfuérzate, y aliéntese tu corazón;

Sí, espera a Jehová.

 

La Segunda Lectura: 2 Timoteo 1:3-14 San Pablo anima al joven Timoteo a “avivar el fuego del don de Dios,” es decir, a fortalecer su fe por los medios de gracia. Por medio de la fe, Dios nos da un “espíritu de poder.” Podemos hacer grandes cosas para Dios y sufrir todo por su nombre, porque el Dios todopoderoso que resucitó a Jesucristo de entre los muertos es nuestra fortaleza.

 

3Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; 4deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo; 5trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también. 6Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. 7Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

8Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, 9quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, 10pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio, 11del cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles. 12Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día. 13Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. 14Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros.

 

El Versículo: ¡Aleluya! ¡Aleluya! Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la congregación te cantaré himnos. ¡Aleluya!

 

El Evangelio: Lucas 17:1-10 La fe que Dios nos da puede hacer grandes cosas como perdonar a nuestro prójimo, pero nunca debemos confiar en nuestra fe, como los discípulos hacen en esta lectura, sino levantemos la mirada al objecto de nuestra fe Jesucristo el cual es nuestra fortaleza.

 

1Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen! 2Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos. 3Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. 4Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.

5Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. 6Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.

7¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa? 8¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú? 9¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. 10Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.

 

 

EL ESPÍRITU SANTO HACE QUE LA FE LE DE SAZÓN A NUESTRA VIDA

 

Tal vez cada uno de nosotros tenemos un plato de comida que no solamente es nuestro favorito, sino que tenemos la receta para hacerlo, y cuando hablamos de la cocina nos gustaría mucho cocinar este plato favorito y darle el secreto para que su sabor quede insuperable. La diferencia de sabores en las comidas tiene que ver mucho con la manera de hacer la misma, esto nos lleva a que no solamente tenemos los ingredientes para el mismo, sino que le ponemos tanto amor a ese plato de comida que se ve reflejado cuando lo estamos comiendo. Y lo mismo pasa con nuestra vida de cristianos y la fe porque ella da sazón a nuestra vida de cristianos. Lastimosamente aún hay cristianos que no saben que es la fe y para qué sirve la misma y esto tiene que ver con la forma de interpretar la Biblia y también como ven la Salvación. Si recordamos la lectura de Habacuc, la primera lectura, escuchamos: el justo por la fe vivirá y hoy nuestro Señor Jesucristo nos enseña que significa estas palabras en nuestras vidas de creyentes, el Espíritu Santo le pone sazón a nuestra vida de creyentes con la fe.

 

Es importante reconocer bíblicamente que la fe no la producimos nosotros, ni ningún hombre que haya existido en la historia del mundo, por ejemplo, llamamos a Abraham el padre de la fe, pero él no la creo o no se dio ésta así mismo. Y esto nos da la entrada para hablar sobre aquellos que creen que confiando en su fe pueden hacer cosas increíbles como por ejemplo cuando alguien esta enfermo le decimos “con la fe que tienes te curaras” o cuando alguien tiene un problema escuchamos “por la fe que tienes Dios te va a sacar de este problema” o cuando tenemos muchos problemas decimos: “yo tengo fe que todo se solucionará” con estas expresiones que usamos con frecuencia estamos hablando de una clase de fe, que no es la Bíblica, esta clase de fe es aquella que ha sido puesta o creada por nosotros para darnos seguridad, confianza o animo en un momento dificil de nuestra vida, esta clase de fe no salva y si nosotros confundimos esta fe con la que enseña la Biblia tenemos dos problemas serios porque nuestro pecado en contra del primer mandamiento nos lleva a crear un nuevo dios, nuestra fe, y también nos lleva a cambiar el sentido de la Palabra de Dios y no interpretaríamos bien las Escrituras, por esto es grave la salvación por obras porque las personas creen que son salvas por la fe que tienen en sí mismos.

 

Jesús en el evangelio para hoy le está hablando a sus discípulos, aquellos que son justos, aquellos que creemos en Jesucristo como nuestro Señor y Salvador. Uno de estos discípulos que estaban escuchando era Juan y escribió esto en una de sus cartas: si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. 1 Juan 2:1, el tener la confianza y confesar que Jesús vivió perfectamente en nuestro lugar es lo que nos hace justos porque en su vida nuestra vida ha sido librada de ir al infierno porque el Padre en los cielos no nos ve injustos por nuestro pecado sino justos porque tenemos siempre a nuestro abogado Jesús. Pero también encontramos que Jesús es la justicia nuestra cuando fue a la cruz a pagar por cada uno de nuestros pecados y en especial si pensamos en los dos pecados que mencionamos en este sermón, pecar contra el primer y tercer mandamiento, y es por esto que otro de los discipulos que estaba escuchando a Jesús allí, Pedro, escribio: quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados. 1 Pedro 2:24. El Espíritu Santo ha puesto en nuestras vidas de cristianos la seguridad que es la misma fe o la podemos llamar para ser más concretos, fe salvífica, porque en la muerte de Jesús encontramos la verdadera paz y así somos justos por sus méritos y por esa justicia nosotros viviremos, estaremos en la eternidad, cuando partamos de este mundo disfrutaremos de la vida eterna en el cielo. Pero esta fe salvífica nos hace ver a nuestro Señor resucitado y junto con su resurrección tenemos una vida que nos lleva a vivir con la sazón de la vida cristiana, mostrando en quien hemos creído y mostrando que nuestra fe es acción movida por el amor y el agradecimiento a Jesús.

 

La fe Salvífica hace que entendamos que tenemos en este mundo muchos tropiezos, ocasiones para el pecado porque lastimosamente estamos en un proceso de santificación que terminará el día que partamos de este mundo, en el cielo si tendremos perfección. Mientras estemos en este mundo la carne pecaminosa nos hará pasar unos momentos difíciles con el pecado y llevando a los recién convertidos o aún los niños al pecado, aquí estamos hablando de nuestro ejemplo como cristianos y reconocemos por la fe salvífica que hemos fallado a Dios y al prójimo con nuestro pecado, nunca olvidemos que todo nuestro pecado, desnuda nuestros pensamientos, palabras y obras, pero la fe salvífica, esta que nos hizo justos ante Dios por los méritos de Cristo nos lleva a vivir en el perdón, perdonamos y somos perdonados porque hemos sido librados de esa piedra de molino en el cuello y por esto no importa las veces que pequemos y las veces que nos arrepintamos u otros hermanos lo hagan siempre estará el perdón, porque la fe salvífica nos asegura que en Jesucristo hay este perdón no solamente con Dios sino también perdón con el prójimo. ¡Pero qué difícil en verdad es tratar correctamente con el hermano pecador! Necesitamos de esta fe Salvífica que nos lleva de nuevo a Jesús que enseño a sus discípulos y a cada uno de nosotros que tenemos poca fe, hacer grandes cosas como el perdonar.

 

Perdonar es olvidar, perdonar es no recordar más la ofensa que hemos hecho porque nuestro Dios así nos trata y también vamos a tratarnos de esta manera cada uno de nosotros, cada vez que usemos la expresión: ser perdonados en el nombre de Jesús es como su dijéramos a un árbol: Desarráigate, y plántate en el mar, esto también nos lleva a entender lo difícil que es el perdonar porque todos nosotros lo hemos hecho pero también hemos puesto freno al Espíritu Santo cada vez que recordamos al prójimo o a nosotros mismos nuestro pecado. Es una oración que nos está enseñando nuestro Señor Jesús en este día, ¡auméntanos la fe! Para que podamos vivir en el verdadero perdón y no buscar alabanzas ni elogios especiales para hacer lo que es nuestro deber y es por lo que Jesús en la parábola final nos hace estas preguntas: ¿Acaso un amo disculpará a su siervo (que ha trabajado todo el día en el campo) de prepararle la cena? ¿O le agradecerá a su siervo por hacer lo que se le había dicho que hiciera? Y la respuesta a estas preguntas es que nosotros no podemos tener un concepto mue elevado de nosotros mismos en comparación a otros que tal vez hacen menos o que son sorprendidos en pecados serios, nosotros hoy estamos dando gracias a Dios que somos siervos indignos y necesitamos la Gracia y el perdón de Dios.

 

Por esto hermanos recordemos la lectura del Pablo a Timoteo Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti, 2 Timoteo 1:6, avivar la fe depende también de nuestro Dios quien nos ha dado los medios de gracia como la santa cena y el evangelio en la Palabra, esto lo necesitamos frecuentemente porque así vivimos en el perdón que se nos ha dado y así también pedimos perdón y aceptamos cuando alguien nos pide perdón y recordemos que cuando existe este es porque el problema se ha arreglado, porque ya no se mencionará más el tema y es cuando juntos seguimos caminando al cielo para disfrutar de las moradas eternas con todos los que pertenecemos a Jesús y por lo tanto que nuestra oración siempre sea ¡Auméntanos la fe! Para que perdonemos siempre, así como hemos sido perdonados. Amén

 

 

Los Himnos:

 

Algunos himnos sugeridos:

Cantad al Señor:

51 Dios de gracia, Dios de gloria

54 Santo Espíritu llena mi vida

74 Hoy canto el gran poder de Dios

80 A las montañas mis ojos con fe

81 Con Dios no temeremos

82 Bien sé en quien yo creo

83 Con qué paternal cariño

84 Cristo, buen pastor, orienta

85 No me abandones, Dios

86 Oh Cristo, nuestro gozo y bien

87 Oh, Dios eterno

 

Culto Cristiano:

175 Haz lo que quieras

219 Roca de la eternidad

220 A Dios obedecen

224 Dame más fe

229 Tal como soy

240 En Jesucristo se halla la paz

246 Mi fe descansa en ti


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