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El segundo domingo después de epifanía

(Verde)

 

Tema del día: Jesús es el “cordero de Dios que quita el pecado del mundo,” así como testifica Juan el Bautista en el evangelio para esta mañana. El mensaje del cordero le es dado por su Padre (la primera lectura), y sus discípulos dan testimonio a él proclamándolo el Mesías (el evangelio).

 

La Colecta: Todopoderoso y eterno Dios, que gobiernas todas las cosas en el cielo y en la tierra: Oye misericordiosamente las súplicas de tu pueblo y concédenos tu paz todos los días de nuestra vida; por Jesucristo, tu Hijos, nuestro Señor, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, siempre un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

 

La Primera Lectura: Isaías 49:1-6 En este, el segundo de los “Himnos del Siervo” de Isaías, el Señor describe el llamamiento y obra de su Siervo: “restaurar el remanente de Israel” y ser “luz de las naciones.”

 

1Oídme, costas, y escuchad, pueblos lejanos. Jehová me llamó desde el vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria. 2Y puso mi boca como espada aguda, me cubrió con la sombra de su mano; y me puso por saeta bruñida, me guardó en su aljaba; 3y me dijo: Mi siervo eres, oh Israel, porque en ti me gloriaré. 4Pero yo dije: Por demás he trabajado, en vano y sin provecho he consumido mis fuerzas; pero mi causa está delante de Jehová, y mi recompensa con mi Dios.

5Ahora pues, dice Jehová, el que me formó desde el vientre para ser su siervo, para hacer volver a él a Jacob y para congregarle a Israel (porque estimado seré en los ojos de Jehová, y el Dios mío será mi fuerza); 6dice: Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel; también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra.

 

El Salmo del Día: Salmo 89

 

Masquil de Etán ezraíta.

1 Las misericordias de Jehová cantaré perpetuamente;

De generación en generación haré notoria tu fidelidad con mi boca.

2 Porque dije: Para siempre será edificada misericordia;

En los cielos mismos afirmarás tu verdad.

3 Hice pacto con mi escogido;

Juré a David mi siervo, diciendo:

4 Para siempre confirmaré tu descendencia,

Y edificaré tu trono por todas las generaciones.

Selah

5 Celebrarán los cielos tus maravillas, oh Jehová,

Tu verdad también en la congregación de los santos.

6 Porque ¿quién en los cielos se igualará a Jehová?

¿Quién será semejante a Jehová entre los hijos de los potentados?

7 Dios temible en la gran congregación de los santos,

Y formidable sobre todos cuantos están alrededor de él.

8 Oh Jehová, Dios de los ejércitos,

¿Quién como tú? Poderoso eres, Jehová,

Y tu fidelidad te rodea.

9 Tú tienes dominio sobre la braveza del mar;

Cuando se levantan sus ondas, tú las sosiegas.

10 Tú quebrantaste a Rahab como a herido de muerte;

Con tu brazo poderoso esparciste a tus enemigos.

11 Tuyos son los cielos, tuya también la tierra;

El mundo y su plenitud, tú lo fundaste.

12 El norte y el sur, tú los creaste;

El Tabor y el Hermón cantarán en tu nombre.

13 Tuyo es el brazo potente;

Fuerte es tu mano, exaltada tu diestra.

14 Justicia y juicio son el cimiento de tu trono;

Misericordia y verdad van delante de tu rostro.

15 Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte;

Andará, oh Jehová, a la luz de tu rostro.

16 En tu nombre se alegrará todo el día,

Y en tu justicia será enaltecido.

17 Porque tú eres la gloria de su potencia,

Y por tu buena voluntad acrecentarás nuestro poder.

18 Porque Jehová es nuestro escudo,

Y nuestro rey es el Santo de Israel.

 

 

La Segunda Lectura: 1 Corintios 1:1-9 Pablo empieza su carta a los corintios con acción de gracias por la gracia que Dios les había concedido. Pero aunque no les faltaba a los corintios dones del Espíritu, vemos que Pablo insinúa dos problemas que tenía esa congregación al decir “en toda palabra y en toda ciencia,” porque más tarde en esta misma carta, Pablo advierte a los corintios del mal uso del don de las lenguas y del orgullo en la sabiduría (ciencia) humana.

 

1Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sóstenes, 2a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: 3Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

4Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús; 5porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia; 6así como el testimonio acerca de Cristo ha sido confirmado en vosotros, 7de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo; 8el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. 9Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.

 

El Versículo: ¡Aleluya! ¡Aleluya! El me dijo: Tú eres mi siervo, Israel, en quien mostraré mi gloria. ¡Aleluya!

 

El Evangelio: Juan 1:29-41 El testimonio de Juan sobre Jesús anima a dos de sus discípulos a seguir a Jesús. Inmediatamente Andrés comparte con su hermano Pedro las buenas nuevas de que había encontrado al Mesías.

 

 

Tema: ¡Que seamos testigos que Juan y Andres!

 

Gracia, misericordia y paz sean con ustedes de Dios nuestro Padre y de su Hijo Jesucristo. Amen.

 

CAPTAR

No hace mucho vi un titular llamativo en el periódico “El Colombiano” que, según lo que entiendo, es un periódico bien conocido aquí en Medellín, Colombia donde tengo el gusto de estar hoy. El titular dice, “El testimonio que se había extraviado en el caso de Álvaro Uribe.”

Confieso que no sé mucho sobre la política colombiana, pero sé que Álvaro Uribe es una persona bien importante y así, tal testimonio tiene que ser algo significativo. Casi siempre en las cuestiones de la culpabilidad o inocencia de una persona, el testimonio de testigos es clave. Nos dice quién es la persona- una persona buena o mala, alguien que merece nuestro estima o desprecio.

En el texto del sermón de hoy del evangelio según Juan 1:29-41, nos llama la atención el uso de la palabra “testimonio” y las palabras del testimonio de los personajes principales. Mientras que leo el texto fíjense en el uso de la palabra “testimonio” y los efectos del testimonio de los personajes.

 

CONTAR

Juan 1:29-41

El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo. 31Y yo no le conocía; más para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua. 32 también dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. 33Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquel me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ese es el que bautiza con el Espíritu Santo. 34Y yo le vi, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios.

35El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. 36Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. 37Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús. 38Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? 39Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima. 40Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. 41Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo).

 

CONSIDERAR

Mis hermanos en Cristo, los eventos de esta historia pasan cuando Juan el Bautista, quien preparaba el camino de Salvador, estuvo bien conocido por sus predicaciones. Al mismo tiempo, Jesucristo no estuvo bien conocido por el pueblo de Israel. Apenas Jesús había sido bautizado por Juan el Bautista que había visto el “Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él.”

Pero a pesar de esa acción visible del Espíritu, fue todavía para escuchar a Juan que las multitudes fueron al desierto. Y es en el desierto donde pasan los eventos del texto de hoy. Y aunque es importante saber del contexto del donde y cuando, en esta historia que trate del tema de testimonio, el aspecto clave es los personajes que daban su testimonio.

Empezamos con Juan. Fue el predicador fuerte y bien conocido como dijimos, pero no fue el actor principal. No fue la estrella de la historia. Su papel, dado a él por Dios mismo y predicho por los profetas, fue dar “testimonio de que este [Jesucristo] es el Hijo de Dios.”

Luego, vemos a dos discípulos quienes iban a cambiar de maestro. Al principio de la historia eran discípulos de Juan el Bautista. El nombre de uno es Andrés. El segundo queda sin nombre en la historia.

Al final de la historia conocemos a otro personaje que es Simón Pedro, el hermano de Andrés. Aquí su papel es sencillamente recibir de su hermano Andrés las buenas noticias de la venida del Mesías.

Pero, sobre todo, es obvio quien es el personaje principal. Se usan aquí varios nombres que nos dice quién es y que hace. Es Jesús el salvador. Es Rabí o maestro quien enseña el mensaje de salvación. Es el Mesías o Cristo quien cumple las profecías del Antiguo Testamento. Es el Hijo de Dios quien es 100% divino. Y especialmente notamos Juan el Bautista anunciando al pueblo, “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”

Es tan importante notar este último nombre porque nos muestra que tan grande es el problema que aquel con tantos nombres vino a resolver.

Vemos aquí y en otras partes de la Biblia que este problema del pecado es verdaderamente un problema mundial. 1 Juan 1:8 comenta, “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.”

Pero Juan el Bautista enseña a las multitudes que hay una solución divina del problema. Es “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Pero como si no fuera suficiente el problema del pecado mundial, vemos otro en esta historia. Evidentemente el mundo no le conoció a Jesús. No sabía quién era.

Dios el Padre en su sabiduría decidió resolver el problema del desconocimiento de Jesús no usando el testimonio de ángeles gloriosos del cielo sino por el poder del testimonio de seres humanos humildes.

Por el testimonio Juan el Bautista, quien vivía en el desierto alimentándose y vistiéndose de lo que halló allá, Dios dirige la vista del pueblo al único quien es capaz de quitar su pecado.

Por el testimonio de un humilde pescador, Andrés, Dios tocó el corazón de Simón Pedro quien, de su parte, iba a dar el testimonio de pecados quitados en Cristo a miles de personas en el día de Pentecostés y después.

Entonces al gran problema del pecado del mundo, Dios presenta su solución: el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y el testimonio sobre él.

 

CONSOLIDAR

Hoy en día, el mundo sigue siendo pecaminoso. Vemos los resultados del estado del mundo en los titulares de los periódicos. Y, también, somos testigos del pecado de este mundo evidente en violencia, asesinatos, guerras e inmoralidad ya aceptada como si fuera buena.

Como en los tiempos de Juan el Bautista la solución sigue siendo el cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Y para que el mundo lo conozca Dios sigue usando seres humanos humildes como testigos. ¿Quiénes son los que dan testimonio? ¡Todos que han recibido el testimonio! Como dice el mismo Simón Pedro en el segundo capítulo de su primera carta, Dios utiliza a los que han sido llamados “de las tinieblas a su luz admirable” a… “anunciar las virtudes” del cordero de Dios como Juan el Bautista y Andrés hizo en esta historia.

Pero, a pesar de que hemos sido llamados a ser testigos, nos puede ser muy difícil llevarlo a cabo. ¿Has fallado en dar el testimonio que el mundo necesita? ¿Has fallado en decir sin miedo quién es Jesús como Juan el Bautista? ¿Has fallado en compartir las buenas nuevas como Andrés con tus seres queridos?

La verdad es que muchas veces no lo damos nuestro testimonio porque amamos a nuestra comodidad más que a nuestro prójimo y por eso no hacemos lo que puede hacernos incomodos, pero puede salvar a nuestro prójimo del infierno eterno.

Al ver nuestro pecado, confesamos que es cierto que no solo son “otros” en este mundo que necesitan al cordero, pero tú y yo necesitamos que el cordero de Dios quita nuestro pecado también.

Así que, escuchan el testimonio sobre el cordero de Dios una vez más de la boca de un pecador perdonado a otro:

Por la gran necesidad que tiene el mundo entero, cada ser humano, Dios envió a Juan para mostrar a todos que Jesús es “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo.”

Y vemos que, en ese entonces tres años antes de morir en Calvario, Juan el Bautista no dice que “va a quitar” sino que “quita.” Es algo que hacía Jesús cada día que andaba en este mundo. Lo hacía por vivir la vida perfecta en nuestro siempre amando a cada habitante mundo caído. Lo hacía para darnos perfección en lugar del pecado que nos quita.

Este cordero quien más adelante fue sacrificarse en Calvario, como el mismo apóstol que escribe estas palabras nos recuerda en su primera carta (1 Juan 1:7), “La sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.”

Así que nos asegura a nosotros hoy en día otra vez, que él quita nuestros pecados. Por eso en nuestros cultos confesamos nuestros pecados y el que guía el servicio puede anunciar con confianza que todos los pecados son perdonados. ¿Por qué? Si el cordero de Dios “quita el pecado del mundo” podemos estar seguros de que entre ellos son todos y cada uno de nuestros pecados también (inclusos los pecados que antes mencionamos).

Estas buenas noticias y la urgencia de compartirlas llevaron a Juan el Bautista a ir al desierto para dar su testimonio, anunciando la venida del Reino de Dios en la persona de Jesús.

Aquel testimonio de Juan el Bautista movió a Andrés a actuar buscando a su hermano Simón para que el también reconociera quien es el Mesías, el Cristo.

Las buenas noticias todavía nos llevan a actuar hoy en día, llevando a otros a Cristo por nuestro testimonio. Motivan a papás y abuelos creyentes a traer a sus hijos a ser bautizados y seguir compartiendo el testimonio sobre Jesús con ellos en la casa y llevándolos a los cultos.

Las buenas noticias motivan a todos nosotros a actuar al ver el mundo de quien el cordero de Dios quita su pecado y sabiendo que hay muchos, aun que conozcan el nombre de Jesús, no conocen que es su obra salvadora ni tiene fe en el Cordero para quitar su pecado. Como Andrés en nuestra historia pasó tiempo conociendo a Jesús y su segundo paso fue pensar en su hermano y buscarlo que compartir las buenas nuevas con él, hoy también, habiendo conocido a Cristo otra vez a través de su Palabra, Dios te llama a pensar en el ser querido que anda en tinieblas sin conocer a Cristo y sin saber la paz de pecados perdonado en él. El testimonio es urgente. El testigo eres tú. El día es hoy.

 

CONCLUSIÓN

Una cosa más- hay un personaje misterioso en esta historia. Menciona el texto a dos discípulos. Uno es Andrés y al otro no da nombre. Andrés da su testimonio a su hermano Simón Pedro. No se menciona ningún testimonio del segundo.

En todo este evangelio, aparece mucho este discípulo misterioso. Siempre sin nombre. Siempre identificado como “el otro discípulo” o “el discípulo a quien Jesús amaba.” En el penúltimo versículo del evangelio, vemos quien es y cómo es su testimonio. Dice, “Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero.”

Dos mil años después de que Jesucristo fue identificado como “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo,” disfrutamos hoy del testimonio de uno que estaba presente. Es Juan quien escribió las palabras del evangelio que lleva su nombre.

Que nosotros, siguiendo el ejemplo de Juan el Bautista, de Andrés y del Apóstol Juan y motivado por el amor del cordero, demos nuestro testimonio al mundo que lo necesita.

Amén.

 

 

 

Los Himnos:

 

Algunos himnos sugeridos:

Cantad al Señor:

26-34 Los himnos del Redentor

56 ¡Alzad la cruz!

59 Levántate, despierta

60 Señor despierta y llama

 

Culto Cristiano:

38 Jesús divino

47 Cristo, vida del viviente

52 Jesús mi salvador

53 ¡Oh Cordero celestial!

67 Santo Cordero

263 Escuchad, Jesús nos dice

264 Grato es contar la historia


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