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Meditación - 2023 junio 3

(Lectura de la Biblia en tres años: 1 Reyes 10:1–13, Juan 5:39–47)

VICTORIA FRENTE A LA TENTACIÓN

¡Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, y haced oír la voz de su alabanza! Él es quien preservó la vida a nuestra alma y no permitió que nuestros pies resbalaran, porque tú, Dios, nos probaste; nos purificaste como se purifica la plata. […] ¡Pasamos por el fuego y por el agua, pero nos sacaste a la abundancia!

Salmo 66:8–9, 12, RV95

Cuando un creyente cae en la tentación, Satanás es quien más se deleita. Pero no siempre puede darse tal gusto pues hay creyentes que no se lo permiten. ¿Cuál es el secreto que les permite tener victoria en la tentación?

Vencer la tentación no es el resultado del esfuerzo del creyente por no pecar. Por el contrario, cada vez que un creyente se esfuerza por no pecar encuentra que termina pecando aún más todavía ¿Por qué sucede eso? No podemos cumplir con lo que Dios exige en los diez mandamientos. Pablo lo expresa así: «Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. […] mi naturaleza pecaminosa está sujeta a la ley del pecado. (Romanos 7:18-19, 25). Pablo aprendió lo mismo que Pedro: Cuando confió en su propia capacidad para enfrentar y vencer la tentación, su carne pecaminosa actuó como esclava del pecado y fue vencido cayendo en pecado. Como está escrito: «Él guarda los pies de sus santos, más los impíos perecen en tinieblas; porque nadie será fuerte por su propia fuerza.» (1 Samuel 2:9, RV95)

Cada vez que queremos vencer la tentación en nuestras propias fuerzas lo único que lograremos es descubrir que no podemos hacerlo. Jesucristo dijo a sus discípulos: «Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.» (Mateo 26:41, RV95) Eso significa que aunque nuestro espíritu ame lo bueno y odie lo malo, nuestra naturaleza pecaminosa cede ante la tentación. Por esto Cristo enseñó, en el Padre Nuestro, a suplicar «No nos dejes caer en tentación, más líbranos del mal». La noche que fue entregado, el Señor mismo oró pidiendo que no se haga su voluntad sino la del Padre. Nadie vence la tentación por sí mismo, solo es porque Dios le libró. «Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.» (Hebreos 4:15-16).

Oración:

Padre nuestro que estás en los cielos. Santificado sea tu nombre. Venga a nos tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación. Mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

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