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Meditación - 2023 junio 12

(Lectura de la Biblia en tres años: 1 Reyes 15:23–16:7, Juan 6:53–59)

LA FE VIVA DE ABRAHAM.

Abraham alzó la vista, y vio a tres hombres de pie cerca de él. Al verlos, corrió desde la entrada de la carpa a saludarlos. Inclinándose hasta el suelo, dijo: —Mi señor, si este servidor suyo cuenta con su favor, le ruego que no me pase de largo. Haré que les traigan un poco de agua para que ustedes se laven los pies, y luego podrán descansar bajo el árbol. Ya que han pasado por donde está su servidor, déjenme traerles algo de comer para que se sientan mejor antes de seguir su camino. —¡Está bien —respondieron ellos—, hazlo así!

Génesis 18:2-5

¿Ha escuchado la expresión «se parece a su padre»? Los hijos se parecen a sus progenitores. Así como un leoncillo se parece a sus padres o un búfalo a los suyos, los humanos nos parecemos a los nuestros. Por esto no es extraño que la Biblia use el término «hijo» para señalar parecido y relación. Por ejemplo, en Jueces 19:22 a los hombres perversos se los llama «hijos de Belial» en el texto hebreo original (RV1909 cf.RV1960). No significa que Belial literalmente tenga hijos, sino que esas personas tienen características similares a Belial. En ese sentido Abraham es llamado «padre de todos los que creen» (Romanos 4:11).

La Palabra de Dios da testimonio que «Le creyó Abraham a Dios, y esto se le tomó en cuenta como justicia.». (Ro 4.3). Por esto quienes creen como Abraham creyó son llamados «hijos de Abraham». Los hijos de Abraham tienen la misma fe viva que tuvo él. Una fe viva manifiesta frutos de arrepentimiento. Según Génesis 18, Abraham manifestó: humildad (1–5); hospitalidad (vv. 3–7); y generosidad (vv. 6–8). Aunque él vivía en una sociedad donde esas virtudes escaseaban, pudo manifestar esos frutos porque el Espíritu Santo obró en Abraham, mediante el evangelio, la fe viva que resultó esos frutos en gratitud a la salvación por los méritos de Cristo (Juan 8:56 cf. Gálatas 5:22; Santiago 2:20-23). Abraham no pensó que él podía agradar a Dios por hacer buenas obras. Pero sí confió en Cristo como su sustituto; y que la obra de Cristo era suficiente para ser grato delante de Dios. En gratitud quiso vivir humilde, hospitalario y generoso (Hebreos 13:2 cf. Isaías 32:8). No podemos ser gratos a Dios por nuestro propio mérito. Cuando confiamos solamente en Cristo y en sus méritos somos hijos de Abraham. En gratitud al Salvador vamos a querer llevar fruto de arrepentimiento.

Oración:

Misericordioso Señor, aunque merezco toda tu ira y la condenación eterna en el juicio final, gracias a los méritos de Jesucristo he sido perdonado y declarado justo. Concédeme que, en gratitud, ser como Abraham: humilde, hospitalario y generoso. Amén.

 

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