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Meditación - 2023 julio 13

(Lectura de la Biblia en tres años: 2 Reyes 15:13–38, Juan 11:28–31)

MISTERIO: CRISTO, LA ESPERANZA DE GLORIA

Llegué a ser servidor según el plan que Dios me encomendó para ustedes: el dar cumplimiento a la palabra de Dios, anunciando el misterio que se ha mantenido oculto por siglos y generaciones, pero que ahora se ha manifestado a sus santos. A éstos Dios se propuso dar a conocer cuál es la gloriosa riqueza de este misterio entre las naciones, que es Cristo en ustedes, la esperanza de gloria.

Colosenses 1:25-27

Los últimos dos mil años, el pueblo de Israel ha deambulado casi por todo el planeta llevando en su corazón la esperanza «ser un pueblo libre en la tierra de Sión y Jerusalén», tal como lo expresa su Himno nacional conocido como «Hatikva» (La Esperanza) ¿Qué es la esperanza? ¿Cuál es nuestra esperanza?

Dios prometió a los «cautivos de la esperanza» que tendrían alegría y consuelo cuando el Mesías venga montado en un burrito trayendo la proclamación de paz para las naciones (Zacarías 9:1-12). Después de la crucifixión de Jesucristo, los discípulos del camino a Emaús, confesaron: «nosotros abrigábamos la esperanza de que era él quien redimiría a Israel.» (Lucas 24:21). El texto que hoy meditamos confirma que ellos no fueron defraudados pues Cristo es la «esperanza de gloria» de los creyentes. La Palabra de Dios nos dice: «recuerden que en ese entonces [cuando no eran creyentes] ustedes estaban separados de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.» (Efesios 2:12). Pero ahora con Cristo, como hijos de Abraham, quien «esperaba la ciudad de cimientos sólidos, de la cual Dios es arquitecto y constructor» confesamos que somos «extranjeros y peregrinos en la tierra» anhelando «una patria mejor, es decir, la celestial» (Hebreos 11:10, 13-16) Sí, nuestra esperanza no tiene que ver con esta tierra sino con el cielo.

El evangelio anuncia a los pecadores que la esperanza de la gloria eterna descansa únicamente en Cristo Jesús, no en convertirse en judío ni en obedecer las leyes humanas. Cuando los pecadores llegan a la fe en Jesús por medio del evangelio, Cristo mora en su corazón y transforma su vida. Esa es la base de la esperanza, y es la garantía de que un día los cristianos compartirán la gloria eterna con Cristo. Él es el corazón del evangelio, la llave que revela el misterio, la única esperanza que tiene el pecador para llegar a la gloria eterna. En gratitud vamos a querer prestar atención y obrar conforme lo escrito por el apóstol Juan: «Cuando Cristo venga seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es. Todo el que tiene esta esperanza en Cristo, se purifica a sí mismo, así como él es puro.» (1 Juan 3:2-3)

Oración:

Señor, gracias te doy porque siendo un miserable pecador, hijo del Adán caído, soy merecedor de todos los males. Pero, en tu gracia y por los méritos de tu Hijo, has hecho de mí un heredero de la gloria eterna. Amén.

 

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