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Meditación - 2023 agosto 6

(Lectura de la Biblia en tres años: 1 Crónicas 5:11–26, Juan 15:12–17)

NACEMOS PECADORES

Yo sé que soy malo de nacimiento; pecador me concibió mi madre.

Salmo 51:5

Muchas personas, incluso líderes religiosos, opinan que el ser humano nace bueno, sin ninguna maldad en su forma de ser, y que se vuelve malo como resultado del contacto con la sociedad que es la que lo corrompe. ¿Qué enseña la Biblia?

Según la Biblia, Dios creó al ser humano (Adán y Eva) con inocencia original. Ellos fueron creados sin pecado. Sin embargo, con la ayuda de Satanás, la serpiente antigua, ellos cayeron en el pecado. Todos los seres humanos descendemos de esa primera pareja caída en el pecado (Hechos 17:26) y nacemos pecadores por su causa. Al respecto Pablo escribe: «Así pues, por medio de un solo hombre entró el pecado en el mundo […] el delito de Adán puso bajo condenación a todos los hombres» (Romanos 5:12,18ª, DHH cf. Efesios 2:3) No somos pecadores porque cometemos pecados. Cometemos pecados porque somos pecadores, porque hemos heredado de Adán la naturaleza pecadora. A esa naturaleza la iglesia ha denominado «pecado original» y, también, «viejo Adán». El viejo Adán nunca puede mejorarse. Por eso aunque procuremos hacer buenas obras nunca las haremos perfectas, como lo exige Dios (Mateo 5:48).

Para que un pecador sea bueno es necesario que cambie su naturaleza. Por nuestro pecado original nacemos merecedores de toda la ira de Dios en el infierno eterno. Pero Cristo vino, por la gracia de Dios, para salvarnos. Como nuestro sustituto, obedeció perfectamente la voluntad de Dios en lugar nuestro y padeció toda la ira de Dios por nosotros. Así nuestro pecado fue perdonado. Ningún mérito nuestro podemos añadir a lo hecho por Cristo: «Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! […] Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte.» (Efesios 2:4–5, 8–9). Por el poder del evangelio, Dios crea en el pecador una nueva naturaleza que, en gratitud por la redención, quiere vivir en arrepentimiento diario: «Así como por la desobediencia de un hombre [Adán] muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno [Jesucristo], muchos serán constituidos justos.» (Romanos 5:19 cf. 1:16,17, 10:17, RV95).

Oración:

Señor, solo merezco la condenación eterna. Pero gracias a tu bondad y misericordia, quisiste enviar a tu Hijo como nuestro sustituto de tal manera que por sus méritos ahora somos declarados justos. En gratitud, te suplico me concedas, por el poder del evangelio en los medios de gracia, vivir santa y piadosamente mientras espero la segunda venida de Jesucristo. Amén.

 

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Meditaciones son presentadas por Producciones Multilingües-WELS y www.academiacristo.com. Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional. Todas las citas bíblicas, a menos que se indique lo contrario, están tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional®, NVI®. Copyright © 1986, 1999, 2015 por Biblica, Inc.™ Todos los derechos reservados en todo el mundo.

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