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Meditación - 2022 mayo 31

(Lectura de la Biblia en tres años: Génesis 42:17–38, Mateo 13:36–43)

 

Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás.

Salmo 50:15

¿Qué debe inducirnos a orar? ¿Qué debe animamos a nosotros pobres miserables pecadores, pero quienes, al mismo tiempo, somos los hijos de Dios a orar? ¿Qué debe darnos incluso un intenso deseo de hacerlo? En primer lugar, el mandato de Dios. Dios nos lo manda. Él dice: "Invócame." Esto, sin embargo, no es un mandato duro y áspero, sino más bien uno bondadoso y misericordioso. Y debemos estar contentos porque Dios así nos manda a orar y debemos decirle: "Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro." (Salmo 27:8). En segundo lugar, debe inducirnos a orar la promesa de Dios. Él dice: "Te libraré." Y Jesús dice: "Pedid, y se os dará, buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá." (San Mateo 7:7).

¿Podría haberte dado una promesa más bondadosa y consoladora? ¿No debemos, entonces, orar? Santiago tiene la razón en decir: "No tenéis lo que deseáis, porque no pedís." (Santiago 4:2). En tercer lugar, nuestra necesidad debe inducirnos a orar. Invócame en el día de la angustia," dice Dios. Nuestra necesidad es tan grande y hay tantas cosas que necesitamos. Nuestras necesidades son mayores de lo que sabemos o imaginamos. Necesitamos ayuda divina contra el diablo, el mundo y nuestra propia carne. Nuestro cuerpo y alma igualmente tienen necesidad. Tenemos necesidades respecto tanto a este tiempo presente y a la eternidad. No puede haber mayor necesidad de la que tenemos todos los días. Y somos completamente incapaces de ayudarnos a nosotros mismos. Por eso Dios nos dice: Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás." ¿No debe esto inducirnos a orar?

Oración:

Te doy gracias y te alabo, oh Dios de misericordia, que me mandas a invocarte en mi necesidad e impotencia. Y tú prometes librarme. Oh, Dios, no permitas que me quede lejos, sea por temor de ti o porque dependa de mí mismo, sino más bien concédeme gracia por tu Espíritu Santo para que me refugie en ti, buscando ayuda solamente en ti, que no solamente eres el Todopoderoso, sino que también eres mi Padre misericordioso por medio de Jesucristo, mi Señor. Amén.

 

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