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Meditación - 2022 marzo 27

27 de marzo de 2022

(Lectura de la Biblia en tres años: Zacarías 11:4–13:6, Apocalipsis 21:9–16)

Menor soy que todas las misericordias y que toda la verdad que has usado para con tu siervo. Génesis 32:10.

 

Así habló Jacob, el patriarca. Y así debe hablar todo cristiano. Somos menores, o sea, no somos dignos de las bendiciones que el Señor derrama sobre nosotros. No confiere nada sino bondad y misericordia divina y paternal sobre nosotros, a pesar de no encontrar en nosotros ningún mérito ni dignidad. ¡Escudriñemos y examinemos nuestra vida y nuestros caminos! ¿Merecemos que Dios nos provea todo y nos guarde, que nos gobierne y nos proteja, y hasta que nos castigue y corrija como un padre fiel a sus hijos, y que haga que todo sirva para nuestro bien para que al final lleguemos a la meta que su gracia en Cristo ha puesto delante de nosotros? Claro que no. Merecemos algo totalmente distinto. "Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen." (Salmo 103:13). El hecho de que le temamos, que vivamos en reverencia a Dios, eso también es su misericordia. Pero el hecho de que este temor de Dios es una planta tan débil y miserable en el jardín de nuestro corazón, eso es nuestra culpa. Pero Dios sigue mostrándonos su misericordia. ¿Qué le debemos por todo esto? ¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios para conmigo? La verdad es que no puedo darle nada como recompensa. Pero es mi deber darle gracias por todo, y ensalzarle, servirle y obedecerle.

¿No es así? Seguramente le debemos esto. Nuestras acciones de gracias, y nuestra alabanza, nuestro servicio y obediencia serán bastante pobres y débiles en comparación con los beneficios de Dios. Sin embargo, nuestro Padre celestial aceptará el débil palpitar de nuestro corazón hacia él, nuestra débil voz de alabanza y acciones de gracias, nuestros esfuerzos débiles e inadecuados. Hace que la plenitud de Cristo reemplace nuestra deficiencia. Su Espíritu intercede por nosotros. ¡Alabado sea Dios!

 

Oración: Oh Señor Dios, Padre celestial de quien recibimos toda buena dádiva sin cesar y abundantemente, y que diariamente, de pura gracia, nos guardas contra todo mal, concédeme, te ruego, tu Espíritu Santo, para que, reconociendo con verdadera fe toda tu bondad, ahora y siempre te dé las gracias y alabe tu amor y misericordia; por Jesucristo, tu amado Hijo, nuestro Señor. Amén.


Meditaciones son presentadas por Producciones Multilingües-WELS y www.academiacristo.com. Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional. Todas las citas bíblicas, a menos que se indique lo contrario, están tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional®, NVI®. Copyright © 1986, 1999, 2015 por Biblica, Inc.™ Todos los derechos reservados en todo el mundo.

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