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Meditación - 2021 septiembre 4

(Lectura de la Biblia en tres años: Isaías 45:20–46:13, Colosenses 4:1–6)

EL SEÑOR NOS HIERE Y NOS AFLIGE

El Señor nos ha rechazado, pero no será para siempre. Nos hace sufrir, pero también nos compadece, porque es muy grande su amor. El Señor nos hiere y nos aflige, pero no porque sea de su agrado.

—Lamentaciones 3: 31-33

En nuestra vida cotidiana no faltan los momentos de dolor y desolación. Es precisamente entonces que nos preguntamos si Dios realmente nos ama y por qué permite que nos llegue el sufrimiento. ¿Hay alguna respuesta Bíblica a esta interrogante? El amor de Dios hacia sus hijos es firme y constante. Sin embargo, ese amor manifiesta dos aspectos que nos resultan diferentes: el que nos entristece y el que nos da consuelo.

Jeremías escribió: «El Señor nos hiere y nos aflige, pero no porque sea de su agrado» (literalmente «no lo hace de corazón»). El Señor había actuado con dureza en el caso de Jerusalén. Dios amaba a su pueblo, porque él es amor, pero el pecado y la impenitencia de ellos necesitaban ser enfrentados con el aspecto duro de ese amor. Los israelitas habían apostatado de la fe verdadera y del Señor. Para hacerlos reaccionar a fin de que regresaran a él, Dios tuvo que mostrar el aspecto duro y estricto del amor: el de la disciplina. Así como Dios hace llover sobre justos y pecadores y de su mano nos viene tanto lo bueno como lo malo, también nos imparte el dolor y el gozo como parte de su disciplina. Muchos preguntan a Dios ¿Por qué me castigas así? ¿Acaso mi pecado es tan grande? La verdad es que un solo pecado, por muy pequeño que parezca ser, nos hace merecedores de toda la ira de Dios.

Cuando persistimos en nuestra falta de arrepentimiento, Dios usa su disciplina para que tengamos consciencia del mal camino que hemos tomado. Así nos da la oportunidad de recapacitar antes que llegue el día de rendir cuentas ante el juez eterno. Cuando, afligidos, entramos en conciencia de que merecemos el infierno eterno, Dios nos consuela con el anuncio del perdón gratuito obtenido al alto precio de la sangre derramada de Cristo para nuestra redención. En gratitud vamos a querer apreciar los momentos difíciles como parte de nuestro crecimiento espiritual.

Oración:

Señor, tu palabra me asegura que en Cristo me amas con amor eterno y que todas las cosas que me suceden, aun las que me parecen malas, me ayudan a bien. Te suplico hagas que mi corazón lo comprenda así de modo que en mí rebose gratitud. Amén.

 

Lea el Capítulo Completo Aquí


Meditaciones son presentadas por Producciones Multilingües-WELS y www.academiacristo.com. Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional. Todas las citas bíblicas, a menos que se indique lo contrario, están tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional®, NVI®. Copyright © 1986, 1999, 2015 por Biblica, Inc.™ Todos los derechos reservados en todo el mundo.

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