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Meditación - 2021 agosto 25

(Lectura de la Biblia en tres años: Isaías 37:17–38, Colosenses 1:3–14)

UN NUEVO ESPÍRITU

Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: «¡Abba! ¡Padre!»

Romanos 8, 15

Actualmente la esclavitud es algo prohibido y condenado en muchos países, es algo que limita y quita la libertad. Por eso podemos pensar que no somos esclavos de nada ni nadie, que somos completamente libres y podemos hacer todo cuanto nuestra autonomía nos permita. Es cierto que posiblemente nunca hemos tenido cadenas que aprieten nuestras muñecas y tobillos, pero las Escrituras nos enseñan que de hecho somos esclavos. Pero ¿esclavos de quién? Esclavos del pecado, de nuestros deseos egoístas que sólo anhelan el placer temporal y no busca de Dios. En cuanto el hombre cayó en pecado nuestra naturaleza se volvió pecaminosa, nos volvimos esclavos de los caprichos de la carne y de las tentaciones del diablo. Pero nuestra consciencia nos demanda que estos actos transgreden la voluntad de Dios manifestada en los mandamientos que entregó a su siervo Moisés y escribió con su mismísima mano con fuego. Por ello es que merecemos el castigo del infierno y despierta en nuestro corazón el miedo a la condenación. Es así que nos hemos vuelto esclavos también del miedo y la desesperación. La Ley, como un espejo, echa en cara nuestras malvadas acciones y despierta la culpa.

No obstante la Biblia también nos enseña la esperanza y un camino de salvación. El Señor Jesucristo, movido a misericordia, tomó nuestros pecados y los limpió con su preciosa sangre. Con su Palabra, con la cual creó todo el mundo, ha creado también en nosotros la fe al escuchar el mensaje del evangelio. El Espíritu Santo nos ha dado una vida nueva, por el bautismo hemos sido adoptados por Dios como sus hijos. Ahora que somos hijos adoptivos suyos, el Señor Jesús nos ha enseñado a acudir a Dios llamándolo "Abba"que quiere decir "Padre". Así como los niños van con una gran confianza a los brazos de sus padres, así es como Dios quiere que acudamos a Él. Ahora que somos declarados justos e inocentes delante del Señor, podemos ir a Él para darle gracias, pedirle sus bendiciones y alabarlo por las maravillas que ha hecho en nuestras vidas. Ya no somos esclavos del miedo, ni del pecado y tampoco del diablo, ahora somos hijos libres de nuestro Padre Celestial. Acuda con total confianza a su Padre.

Oración:

Padre nuestro que estás en los cielos, gracias por librarme del mal, crea en mí un corazón limpio y dame un espíritu de rectitud. Amén.

 

Lea el Capítulo Completo Aquí


Meditaciones son presentadas por Producciones Multilingües-WELS y www.academiacristo.com. Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional. Todas las citas bíblicas, a menos que se indique lo contrario, están tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional®, NVI®. Copyright © 1986, 1999, 2015 por Biblica, Inc.™ Todos los derechos reservados en todo el mundo.

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