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(Lectura de la Biblia en tres años: 1 Reyes 6:19–38, Juan 4:43–47)

LAS PALABRAS DEL CORAZÓN

El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón produce el bien; pero el que es malo, de su maldad produce el mal, porque de lo que abunda en el corazón habla la boca.

—Lucas 6:45

Como hijos del Adán caído tenemos un muy alto concepto y estima de nosotros mismos y de lo que somos capaces. Imaginamos que somos muy buenos y que cualquier momento que decidamos hacer el bien lo haremos sin ningún problema. Pero tales ideas no van de acuerdo a lo que la Biblia enseña ¿Cómo así?

Pablo, Pedro y Santiago son testigos de primera mano de que no basta la buena intención para lograr obrar el bien. Pedro, que estaba convencido de su amor por Cristo, le aseguró que no sería capaz de negarlo y que incluso era capaz de dar su vida por Cristo. Esa misma noche aprendió que Cristo tenía razón cuando dijo: «el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil». Pablo confesó: «Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero.» Santiago explica: «cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen. Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte. (Mateo 26:41; Romanos 7:18-19; Santiago 1:14-15) Es precisamente lo que le sucedió a Caín quien albergó malos sentimientos contra su hermano Abel y cuando su corazón se saturó de odio lo mató. ¿De qué está lleno nuestro corazón? Cristo quiere que esté lleno de su palabra, de su evangelio para que rebosemos de amor a Dios y al prójimo. Puesto que él nos amó primero, en gratitud, vamos a querer llenar nuestros corazones con las palabras y pensamientos de amor que proceden de Dios.

Oracion:

Señor, te doy gracias por Jesucristo, pues por sus méritos tengo tu perdón y el privilegio de servirte aunque soy imperfecto. Concédeme por tus medios de gracia que en mi corazón habite abundantemente la palabra de Cristo, de modo que en gratitud quiera amarte a ti y a mi prójimo y que al hablar, de mis labios broten palabras de bien y de amor y con mis actos te honre dando razón de lo que creo con gentileza y respeto. Amén.

 

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Meditación - 2020 junio 13


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