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Meditación - 2020 febrero 04

Meditación - 2020 febrero 04

(Lectura de la Biblia en tres años: Josué 10:19–43, Lucas 7:29–35)

EL MENSAJE DE PABLO: JESUCRISTO CRUCIFICADO,

Hermanos, cuando fui a anunciarles el testimonio de Dios, no lo hice con gran elocuencia y sabiduría. Me propuse más bien, estando entre ustedes, no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de éste crucificado.

—1 Corintios 2:1–2

Durante la semana nos toca enfrentar lo áspero de la existencia: tenemos vivir en una sociedad conflictiva y egoísta. Nos toca tratar con personas mal humoradas e insolentes y soportar muchas injusticias. Nada de eso queremos encontrar en la iglesia. Por el contrario esperamos que el culto sea inspirador, la música agradable y los sermones amenos y breves. Mucho mejor si son elocuentes.

Los Corintios, siendo parte de la cultura griega, apreciaban la elocuencia. Tenían en estima a los predicadores con buena retórica. Sin embargo Pablo no estaba interesado ni en tener buena retórica ni en se elocuente ¿por qué?

La retórica, la oratoria y la elocuencia ayudan a expresar conceptos de manera muy atractiva. Hacerlo así es muy útil pues facilita que las personas presten atención y capten mejor la esencia de lo que se plantea. Sin embargo hay el peligro de que los oyentes lleguen a centrarse más en la forma que en el contenido del mensaje. El poder del mensaje cristiano no depende de la manera en que se lo presenta sino en el mensaje mismo. El evangelio es igual de poderoso tanto si es emotivamente predicado como si lo es serenamente leído. Un sermón no tiene poder de llegar al corazón del ser humano gracias a los argumentos que sean presentados ni los ejemplos que lo ilustren. El poder de un sermón viene de la verdad que predica. Pablo nos dice que esa verdad es una sola: Cristo crucificado. Eso no es otra cosa que saber que nosotros, los seres humanos somos pecadores que no podemos agradar a Dios con nuestras buenas obras (Isaías 64:6) Pero que Cristo, en lugar nuestro, vivió una vida justa que fue entregada como pago por nuestros pecados. Cristo en la cruz nos dice que Dios ve nuestro pecado pagado y a nosotros nos declara justos por los méritos de su Hijo. En gratitud vamos a querer que todo nuestro pensamiento gire en torno a Cristo crucificado para nuestro perdón y resucitado para nuestra justificación.

Oracion:

Misericordioso Señor, confieso que he caído muchas veces en la tentación de pensar que me desampararías. He querido que me des señales portentosas que me ayuden a pensar que me amas. Reconozco que por ese pecado merezco toda tu ira. Gracias te doy por Jesucristo, mi redentor, porque por sus méritos soy perdonado y tengo paz delante de ti. Por tus medios de gracia, afírmame en la verdadera fe de modo que solo la vida y muerte de Cristo sean para mí la suficiente y definitiva evidencia de tu amor por mí y que su vida derramada en la cruz sea la estrella que me regocija. Amén.

 

Lea el Capítulo Completo Aquí


Meditaciones son presentadas por Producciones Multilingües-WELS y www.academiacristo.com. Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional. Todas las citas bíblicas, a menos que se indique lo contrario, están tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional®, NVI®. Copyright © 1986, 1999, 2015 por Biblica, Inc.™ Todos los derechos reservados en todo el mundo.

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