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Meditación - 2020 enero 23

Meditación - 2020 enero 23

(Lectura de la Biblia en tres años: Deuteronomio 34, Lucas 5:33–39)

EL BAUTISMO APOSTÓLICO

Cristo no me envió a bautizar sino a predicar el evangelio, y eso sin discursos de sabiduría humana, para que la cruz de Cristo no perdiera su eficacia.

—1 Corintios 1:17

Hace algún tiempo atrás cierta persona argumentó que el bautismo practicado por su religión era el único válido pues, según ellos, solo vale el bautismo realizado por un verdadero apóstol y que ellos eran los únicos que actualmente tienen un verdadero apóstol llamado por Jesucristo. ¿Tiene razón?

Evidentemente no tiene razón. Fue engañado por un falso apóstol. El apóstol Pablo afirmó que él no fue enviado a bautizar, advierte que: «Tales individuos son falsos apóstoles, obreros estafadores, que se disfrazan de apóstoles de Cristo. Y no es de extrañar, ya que Satanás mismo se disfraza de ángel de luz. Por eso no es de sorprenderse que sus servidores se disfracen de servidores de la justicia. Su fin corresponderá con lo que merecen sus acciones.» (2 Corintios 11:13–15). Jesucristo enseñó cómo desenmascararlos a los falsos: «Por sus frutos los conocerán.» (Mateo 7:20) El fruto de quien dice ser apóstol, (profeta, pastor o maestro o discípulo) se refiere a lo que tal individuo predica o enseña. Por esto Pablo escribió: «Pero aun si alguno de nosotros o un ángel del cielo les predicara un evangelio distinto del que les hemos predicado, ¡que caiga bajo maldición!» (Gálatas 1:8). El fruto de un falso apóstol, es el falso evangelio. El verdadero evangelio son las buenas noticias de salvación que Cristo ganó para nosotros como sustituto nuestro, al obedecer perfectamente la voluntad de Dios y al sufrir el castigo que merecemos por nuestros pecados. Cristo hizo su parte para nuestra salvación ¡y también nuestra parte! Por eso la salvación es gratuita (Romanos 5:18,19). El falso evangelio, contamina esta buena noticia añadiendo alguna condición que debe hacerse para contribuir en ganar la salvación.

Cristo solamente instruyó usar agua unida a su palabra con el propósito de anunciar a la persona bautizada que sus pecados son perdonados gratuitamente por los méritos de Cristo. Pero no especificó una cantidad de agua, ni un llamado especial, ni la manera de hacer un bautismo. El bautismo hecho en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (que puede ser realizado por cualquier creyente) es apostólico porque la enseñanza de la trinidad lo es. En gratitud por la salvación gratuita vamos a querer apartarnos «los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina» (Hechos 2:38; Romanos 16:17)

Oración:

Señor, confieso: que también yo he querido poder merecer la salvación y confiar en alguna cosa yo haya hecho para agradarte. Gracias te doy por iluminarme y mostrarme que la obra de Cristo es suficiente para la salvación. Te suplico me guardes de la falsa doctrina pues es la estrategia que Satanás usa para engañarme y quitarme la fe que salva. Amén.

 

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