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Meditación - 2020 diciembre 19

Meditación - 2020 diciembre 19

(Lectura de la Biblia en tres años: Job 8, Hechos 19:23–29)

La seguridad del amor

 ¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios! ¡Y lo somos!

1 Juan 3:1.

Como mencionamos ayer el gran amor de Dios para hacernos sus hijos en Cristo no es solo una verdad hermosa pero transformadora. Nuestro nuevo nacimiento en Cristo significa que ahora compartimos su ADN, por así decirlo. El gran amor de Dios por nosotros en Jesús nos capacita, sí, nos impulsa a pensar, hablar y actuar más como él. Aún más el amor de Dios nos proporciona la seguridad y la protección para que vivamos optimistas.

Aquí es donde quiero concluir esta increíble semana de meditar en el amor de Dios. En un mundo peligroso donde innumerables cosas malas pueden pasar en cualquier momento y cambiar nuestra vida, por ejemplo, como una pandemia; en un mundo donde nuestra confesión de fe en Cristo a menudo es rechazada, ¿sabes lo que necesitamos? Necesitamos que Dios haga por nosotros lo que me encanta hacer por mis hijas, especialmente, la más pequeña: levantarla sobre mis hombros. Casi siempre funciona. No importa cuán triste o asustada esté, puedo secar sus lágrimas y evaporar sus miedos levantándola sobre mis hombros y acurrucándola allí como un cordero en un prado. Allí se sienta sobre los hombros de su papá, feliz, segura, en la cima del mundo. Sobre mis hombros sostenida por mi gran amor por ella no siente tristeza ni miedo. Allí, como todas mis chicas, se vuelve fuerte, valiente y atrevida, sin miedo al fracaso.

Escúchame bien, en estas palabras de Juan, nuestro Padre nos levanta sobre sus hombros. Primero, corre hacia nosotros. “Mira el gran amor que te he prodigado en mi Hijo, para que tú, que todavía vagas, todavía huyes de mí, todavía dudas de mí, no obstante, seas mi hijo, mi hija”. Y aquí es donde nos levanta, "¡Y eso (hijo, hija) es lo que eres!" Cuando Juan pone el signo de exclamación en nuestra identidad y relación con Dios como sus hijos en Jesús, quiere que sintamos las manos de nuestro Padre bajo nuestras axilas, que nos alcen sobre sus hombros y nos acomoden allí. Allí nos curamos de nuestras heridas y miedos. ¡Allí nos sentamos en Cristo, sanos y salvos, fuertes y valientes!

Oración:

Queridísimo Padre, a veces siento temor y tristeza por lo que experimento en la vida y por lo que encuentro dentro de mí. Por eso fijo mis ojos en Cristo. Levántame en él. Amén.

 

Lea el Capítulo Completo Aquí


Meditaciones son presentadas por Producciones Multilingües-WELS y www.academiacristo.com. Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional. Todas las citas bíblicas, a menos que se indique lo contrario, están tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional®, NVI®. Copyright © 1986, 1999, 2015 por Biblica, Inc.™ Todos los derechos reservados en todo el mundo.

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