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Meditación - 2019 junio 04

Meditación - 2019 junio 04

(Lectura de la Biblia en tres años: Génesis 27:21–46, Mateo 9:14–17)

LA IMPORTANCIA DEL AYUNO EN EL REINO DE CRISTO

Un día se le acercaron los discípulos de Juan y le preguntaron:

—¿Cómo es que nosotros y los fariseos ayunamos, pero no así tus discípulos?

—Mateo 9:14

Hace 500 años en Europa la iglesia católica romana ordenaba ayunar en la Cuaresma. Por aquél entonces, al ex sacerdote católico Desiderio Erasmo le preguntaron si él era católico (puesto él que había criticado al catolicismo, muchos pensaban que se había unido a la Reforma). A esa pregunta Erasmo respondió: «Soy católico, pero mi estómago es luterano». Con esas palabras quiso decir que no se unió a la Reforma pero que no ayunaba en Cuaresma. ¿Tiene alguna importancia el ayuno en el reino de Cristo?

En el Antiguo Testamento el ayuno era parte de la expresión de dolor, tristeza y lamento que acompaña al arrepentimiento, y por esto el pueblo judío ayunaba una vez al año el día de la expiación (Yom Kippur, Levítico 23:29). Después llegaron a observar otros cuatro días anuales (Zacarías 8:19). En estos ayunos, el pueblo se lamentaba por la caída de Jerusalén y la destrucción del Templo. En el mes cuarto se recordaba la entrada de Nabucodonosor a la ciudad; y en el décimo, el comienzo del asedio (2 Reyes 24:1–4; Jeremías 39:1–2; 52:4–7). Mientras las consecuencias de estos desastres todavía les afectaban el pueblo ayunó. Pero al comenzar la reconstrucción se preguntaron si tenía sentido seguir observándolos (Zacarías 7:3). Para el tiempo de Jesucristo tanto los fariseos como los seguidores de Juan el bautista ayunaban en señal de arrepentimiento pues el Mesías todavía no llegaba. Además los fariseos también ayunaban por otra razón: ellos pensaban que ayunando dos veces a la semana agradaban a Dios de manera excepcional.

Los discípulos de Jesús no tenemos necesidad de ayunar puesto que ya tenemos el perdón de Dios y estamos de fiesta. El Mesías ya llegó y como nuestro sustituto obedeció perfectamente la voluntad de Dios en lugar de nosotros. Fue a la cruz para recibir el castigo que merecemos por nuestro pecado. Con nuestros propios méritos no podemos agradar a Dios, pero los méritos de Cristo si lo hacen por nosotros. Por cuanto Dios testimonia que sólo en Jesucristo tiene complacencia, confiamos en los méritos de Cristo como suficientes y gratos delante de él. Por ese motivo no tratamos de agradar a Dios para ganar su favor. Pero estamos agradecidos por su misericordia y en gratitud vamos a querer entender y practicar el ayuno como Dios lo enseña: No como un acto de aflicción sino como un principio de solidaridad y compasión con el que sufre (Isaías 58:5-8).

Oracion:

Padre celestial, por mí mismo no puedo agradarte. Pero por los méritos de Cristo, sí. Gracias por tu salvación tan grande. Concédeme amar a mi prójimo como a mí mismo Amén.

 

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