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Meditación - 2019 agosto 18

Meditación - 2019 agosto 18

(Lectura de la Biblia en tres años: Éxodo 30:1–16, Mateo 24:1–2)

EL ALTAR DEL INCIENSO Y EL PROPICIATORIO

Haz un altar de madera de acacia para quemar incienso. […] Pon el altar frente a la cortina que está ante el arca del pacto, es decir, ante el propiciatorio que está sobre el arca, que es donde me reuniré contigo.

—Éxodo 30:1,6

El texto de la meditación para hoy es parte de la ley ceremonial que el Señor mandó al pueblo del Antiguo Pacto. No es un mandato para nosotros que somos el Israel del Nuevo Pacto. Sin embargo contiene una enseñanza concerniente a la oración y nuestra relación con Dios ¿Cuál es?

El Señor mandó construir un altar pequeño (de 45 centímetros cuadrados de base y de 90 centímetros de alto). Era de madera enchapada en oro, por lo que también se llamó altar de oro (Éxodo 39:38). Tendría que ser colocado en el lugar santo, pero cerca del arca del pacto, frente a la cortina que separaba el lugar santísimo. Allí diariamente se quemaba incienso aromático durante la hora de la oración cada mañana y cada tarde. No se ofrecía ningún sacrificio sobre este altar, pero una vez al año era purificado en la expiación (Levítico 16:19).

El incienso ofrecido sobre este altar representa la oración del creyente. La oración más que un recurso para presentar peticiones es un acto de adoración a Dios. Así el salmista lo expresa: «Suba mi oración delante de ti como el incienso, el don de mis manos como la ofrenda de la tarde.» (Salmos 141:2 RV95) El apóstol Juan vio en el cielo a los 24 ancianos y que «Cada uno tenía un arpa y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones del pueblo de Dios.» (Apocalipsis 5:8). La estrecha relación del incienso y la oración es perfectamente clara cuando al sacerdote Zacarías, mientras el ofrecía el incienso y el pueblo oraba afuera, el ángel Gabriel le aparece al lado del altar del incienso (Lucas 1:8–11). Así como el humo del incienso se eleva al Señor, también las oraciones de su pueblo debían elevarse continuamente a él como olor fragante. La Biblia, en 1 Timoteo 2:1 nos exhorta que «se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos» y «en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias.» (Filipenses 4:6). El que el altar del incienso esté cerca al propiciatorio nos muestra que nuestra oración es atendida no por lo mucho que oremos ni por el número de quienes lo hacen sino por los méritos de Jesucristo. En gratitud por esos méritos vamos a querer elevar la oración cada mañana y cada atardecer (tradicionalmente conocidas los maitines y las vísperas).

Oración:

Escucha, Jehová, mis palabras; considera mi gemir. Atiende a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré. Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti y esperaré. Por los méritos de Jesucristo, mi redentor. Amén.

 

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