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Meditación - 2022 septiembre 20

(Lectura de la Biblia en tres años: Números 1:47–54, Marcos 5:26–33)

JESÚS RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS

Y Dios lo levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuera retenido por ella

(Hechos 2:24)

Hay un juego importante que hacen todos los niños con su madre cuando la mamá trata de agarrar al niño, pero se supone que no puede porque el niño corre muy rápido.

Lo que Jesús, el niño de Belén, hizo no fue un juego. No se escapó de lo que su Padre quería que hiciera. Cumplió perfectamente con la voluntad de su Padre en la cruz del Calvario para vencer a Satanás, el pecado, y la muerte. El Padre de Jesús aceptó la vida y muerte perfectas de su Hijo, para establecer de nuevo la paz entre el mundo y Dios. La muerte de Jesús en la cruz es una gran bendición para nosotros.

Dios mostró que él aceptó por completo lo que Jesús hizo, al resucitarlo de entre los muertos. Cuando pusieron a Jesús en la tumba, parecía que la muerte había ganado la batalla. Pero la muerte y la tumba no pudieron retener a Jesús. La resurrección de nuestro Salvador de entre los muertos nos dice algo acerca del poder que tiene Jesús para salvarnos. Un día nosotros también seremos puestos en una tumba, pero sabemos que la muerte no podrá retenernos por siempre, porque Jesús prometió con palabras muy claras: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10).

Por medio de Jesús, nuestro corazón y vida están llenos de alegría, porque no vivimos en el temor de la muerte. Sabemos que es imposible que ella nos retenga porque, igual que Jesús, resucitaremos de entre los muertos en el último día. Con alegría en nuestro corazón, podemos decir con el apóstol Pablo: “Con Cristo estoy justamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

La gran verdad es que Dios también nos resucitará de la agonía de la muerte para vivir con él por siempre en alegría perfecta. Mientras tanto ahora vivimos para él con fe, sin temor, llenos de alegría con la certeza de la vida eterna en el cielo. ¡Gracias sean dadas a Dios!

Oración:

Señor Jesús, te agradecemos y te alabamos por tu muerte en la cruz que pagó nuestros pecados. Nos regocijamos porque nuestro Padre te haya resucitado de entre los muertos para que nosotros también podamos vivir con él. Por favor, sigue estando con nosotros ahora y ayúdanos a seguir sirviéndote con alegría todos los días de nuestra vida. Amén.

 

Lea el Capítulo Completo Aquí


Meditaciones son presentadas por Producciones Multilingües-WELS y www.academiacristo.com. Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional. Todas las citas bíblicas, a menos que se indique lo contrario, están tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional®, NVI®. Copyright © 1986, 1999, 2015 por Biblica, Inc.™ Todos los derechos reservados en todo el mundo.

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