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Meditación - 2021 septiembre 11

(Lectura de la Biblia en tres años: Isaías 55, 1 Tesalonicenses 3)

EL ORIGÉN DE LA RIQUEZA DEL CREYENTE

Acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto

—Deuteronomio 8:18, Reina Valera 1960

Una investigación realizada por un estudioso católico sobre el avance de las iglesias evangélicas en un país sudamericano, mostraba que la gran mayoría de quienes se hacían miembros de esas iglesias comenzaban a mejorar su estándar de vida desde el primer año. Pero no sucedía con los católicos de la misma región. Entre las razones que dio para este progreso estaba el hecho de que las iglesias fomentaban la responsabilidad financiera personal, el ahorro y la mesura frente al consumismo. Estos factores afectados por las creencias del individuo resultaban en prosperidad. ¿Son los nuevos hábitos la causa de la riqueza del creyente?

En su libro «La ética protestante y el espíritu del protestantismo» el economista, jurista y politólogo alemán Max Weber, tras demostrar que los países cuya fe es mayormente evangélica eran más prósperos que los de mayoría católica, atribuye ese avance a los hábitos financieros de los evangélicos. Aunque es verdad que unos buenos hábitos en el manejo de nuestros bienes ayudan a conservarlos, la Biblia nos enseña que la riqueza no tiene nada que ver con la capacidad humana de producirla, como está escrito: «La bendición del Señor es la que enriquece, y Él no añade tristeza con ella.» (Proverbios 10:22). Sí, así es. Es Dios, quien en su misericordia, concede riquezas materiales a los que son parte de su pueblo. Nos da esas riquezas, no para gastarlas a manos llenas, sino para ser sus administradores y darles el uso que ya ha instruido en la Palabra: «Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel.» (1 Corintios 4:2)

Pero puesto que somos hijos de Adán, no somos buenos administradores de la riqueza que Dios nos encarga administrar, incluso si se trata de algo mínimo, como está Cristo lo advirtió: «El que es confiable en lo poco, también lo es en lo mucho; y el que no es confiable en lo poco, tampoco lo es en lo mucho.» (Lucas 16:10, RVC) No hemos sido fieles administradores de lo que el Señor nos ha encomendado: nuestra familia, nuestros bienes y logros, todo proviene de Él, y por eso somos merecedores de toda su ira (1 Corintios 4:7; Santiago 1:17). Gracias a los méritos de Cristo como nuestro sustituto tenemos el perdón. En gratitud vamos a querer ser buenos administradores de las riquezas que nos encomendó Dios.

Oración:

Señor confieso que no he sido un administrador fiel de la riqueza que me has encomendado, no he sido buen hijo, ni buen padre, no he amado a mi cónyuge. No he apreciado tu iglesia, ni tu palabra. Pero gracias a tu Hijo, quién fue el administrador excelente en lugar de mí y quien murió sufriendo mi castigo, tengo tu perdón. En gratitud quiero ser un administrador fiel. Te suplico me concedas poder lograrlo para tu honra y gloria. Amén.

 

Lea el Capítulo Completo Aquí


Meditaciones son presentadas por Producciones Multilingües-WELS y www.academiacristo.com. Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional. Todas las citas bíblicas, a menos que se indique lo contrario, están tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional®, NVI®. Copyright © 1986, 1999, 2015 por Biblica, Inc.™ Todos los derechos reservados en todo el mundo.

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