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Meditación - 2021 agosto 13

(Lectura de la Biblia en tres años: Isaías 24–25, Filipenses 1:20–30)

EL SEÑOR RENUEVA NUESTRAS FUERZAS

Pero los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas:correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán.

Isaías 40, 31

Todos hemos experimentado el cansancio, la fatiga después de un arduo trabajo de la naturaleza que sea. Nuestras piernas tiemblan, los brazos son tan pesados como costales llenos de las más grandes rocas, nuestros ojos se nublan y arden, sentimos hambre y sed y nuestra mente no se ocupa en otra cosa que en ir a descansar en nuestros aposentos.

Existe una fatiga aún más pesada que la física, esa es la fatiga espiritual. No son mínimas las ocasiones en que nuestro espíritu se siente cansado por todo lo que a diario tenemos que vivir. El pensar que hemos desperdiciado nuestro tiempo en cosas vanas, que hemos herido a gente que nos ama, que todo lo que hemos hecho y conseguido se desvanezca y sólo queden las negras cenizas del fracaso. Todo eso hace encoger al espíritu, se inca y tapa su rostro con ambas manos, apretando con enormes fuerzas su cabeza agitándose de un lado a otro. Después de tan tortuosa escena, todo nuestro ser se halla en un estado de debilidad que va más allá de lo que podemos experimentar físicamente. Sabemos que tenemos que seguir adelante de una forma u otra, pero simplemente nuestro interior dice: "no".

Podríamos pensar que nada más hay que hacer que resignarnos y abandonarnos. Pero, eso no puede ser todo, de hecho, no lo es todo. Podemos estar cansados, pero no abandonados. Dios, el Señor del cielo y de la tierra, con potente voz nos dice: "¡hijo mío, he aquí que Yo soy tu Padre! yo he derramado mi mayor bendición sobre ti, el perdón de tus pecados. Por tu fe en mi amado Hijo, Jesucristo, ahora tienes una herencia incorruptible, donde ladrones no minan ni hurtan, la bienaventuranza celestial. ¡Conmigo lo tienes todo! ¡la eternidad te aguarda! Tu espíritu no desfallezca, al contrario, mira que lo he vivificado con mi Palabra, le he preparado un lugar en las mansiones celestiales". Con tales promesas que maravillan al corazón ¿no diremos acaso con David "el Señor es mi pastor, nada me falta"? Así pues, que nuestro corazón con fuerzas renovadas clame las palabras del Salmo: "¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío." (Salmo 42, 5).

Oración:

¡Cansado estoy, mi Señor, cansado estoy! El mundo y mi carne hacen gemir mi atormentado corazón, fatigan mi alma y mi cuerpo. Sin embargo sé que vendrás a mi auxilio, tu Palabra renueva mis fuerzas y me hace correr de nuevo. Mi corazón palpita de alegría con tus promesas. ¡Señor mío, no tardes en socorrerme! Amén.

 

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Meditaciones son presentadas por Producciones Multilingües-WELS y www.academiacristo.com. Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional. Todas las citas bíblicas, a menos que se indique lo contrario, están tomadas de La Santa Biblia, Nueva Versión Internacional®, NVI®. Copyright © 1986, 1999, 2015 por Biblica, Inc.™ Todos los derechos reservados en todo el mundo.

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